Un memorando interno de inmigración ha desatado una intensa controversia en Estados Unidos, ya que una nueva directriz facultaría a agentes de ICE a ingresar en viviendas sin autorización de un juez, reavivando así el debate sobre garantías constitucionales y métodos policiales.
Una política interna del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) ha encendido las alarmas de defensores de derechos civiles, abogados y legisladores porque autoriza a los agentes a ingresar a domicilios sin una orden judicial tradicional para arrestar a personas con órdenes finales de deportación. El documento, emitido en mayo de 2025 pero divulgado públicamente apenas recientemente, marca un cambio significativo en la práctica de las detenciones migratorias y pone en el centro de la discusión tensiones entre ejecución de la ley, protección de derechos individuales y límites constitucionales.
El cambio descrito en el memorando permite a ICE usar lo que se conoce como “orden administrativa” para justificar la entrada forzada a una casa, en lugar de depender de una orden emitida por un juez independiente. A diferencia de las órdenes judiciales, que requieren revisión de un magistrado y basarse en causa probable, las administrativas son emitidas por funcionarios dentro del propio Departamento de Seguridad Nacional (DHS) o de ICE. Según la directriz, los agentes pueden “llamar y anunciar” su presencia y utilizar fuerza “necesaria y razonable” si no se les permite la entrada, incluso si no muestran un mandato firmado por un juez.
Qué significa la política en la práctica
Este tipo de directriz redefine la manera en que se efectúan las detenciones dentro de viviendas privadas, ya que concede a los agentes de inmigración una discreción interna más amplia; históricamente, en Estados Unidos se ha informado a las comunidades, en especial a las inmigrantes, que no están obligadas a abrir la puerta a agentes de ICE salvo que presenten una orden judicial válida, una orientación sustentada en la Cuarta Enmienda de la Constitución, la cual resguarda a las personas frente a registros y detenciones considerados “irrazonables” sin control judicial.
Con la nueva política, esa dinámica se transforma: ahora un agente puede emplear una orden interna para detener a una persona con una orden final de deportación aun cuando esta decida no abrir la puerta. Esta situación ha despertado preocupación, pues numerosos expertos sostienen que las órdenes administrativas no fueron diseñadas para autorizar ingresos forzosos a propiedades privadas y que usarlas de ese modo podría vulnerar protecciones constitucionales vigentes desde hace décadas.
Diversos críticos de esta política afirman que la Columna Constitucional encargada de resguardar a las personas en su domicilio constituye un pilar esencial de la privacidad en Estados Unidos. La aplicación de órdenes administrativas, las cuales no pasan por la revisión de un magistrado considerado “neutral y desapegado”, suprime un control externo clave sobre las actuaciones del Estado. Como consecuencia, algunos especialistas en derecho han llegado a describir esta práctica, en ciertos escenarios, como potencialmente contraria a la Constitución.
Reacciones y preocupaciones legales
Las reacciones no se han hecho esperar. Grupos de derechos civiles y abogados han expresado que esta política podría ser una de las más profundas erosiones de las protecciones de la Cuarta Enmienda en años. La Constitución exige que para ingresar en un domicilio de forma forzosa el gobierno obtenga una orden respaldada por causa probable y firmada por un juez, salvo en excepciones muy limitadas (por ejemplo, situaciones de emergencia extremas). Que agentes federales de inmigración puedan actuar sin ese aval ha generado llamados a la acción legal y peticiones de investigaciones por parte del Congreso.
Organizaciones como Whistleblower Aid, que ayudaron a difundir el memorando tras la filtración de funcionarios anónimos, han sostenido que el documento fue mantenido en secreto deliberadamente para minimizar la supervisión y evitar que se debatiera públicamente. Según estas fuentes, la directriz fue compartida verbalmente en algunos entrenamientos, pero no distribuida formalmente por escrito entre todos los agentes, lo que genera dudas adicionales sobre transparencia y rendición de cuentas.
El Departamento de Seguridad Nacional y los voceros de ICE han sostenido la directriz al afirmar que muchas personas sujetas a estas órdenes ya enfrentaron un procedimiento legal donde se estableció causa probable para su arresto y posterior deportación. Desde ese enfoque, presentar una orden administrativa para ingresar a una vivienda no implicaría vulnerar derechos, pues el individuo habría atravesado previamente un debido proceso en el ámbito migratorio. No obstante, esta justificación no convence a los críticos, quienes recalcan que el proceso migratorio y la supervisión judicial son instancias distintas y que ambas deben cumplirse para garantizar la protección de derechos fundamentales.
Impacto en comunidades inmigrantes
En las comunidades inmigrantes, la noticia ha generado preocupación y miedo. Décadas de educación sobre derechos civiles y “know your rights” (conozca sus derechos) incluían explícitamente la necesidad de que los agentes de inmigración mostraran una orden judicial para entrar a una vivienda. La posibilidad de que ese principio ya no sea una garantía ha alterado la percepción de seguridad en hogares y barrios donde muchos viven con el temor constante de una redada.
Este ambiente de incertidumbre se ha visto exacerbado en varias ciudades donde las operaciones de ICE han sido particularmente agresivas. Por ejemplo, en Minneapolis y otras localidades se han reportado entradas a domicilios con órdenes administrativas durante operativos, lo que ha sido grabado en video y difundido ampliamente, generando protestas y llamados de alcaldes y funcionarios locales para que cesen estas prácticas.
Activistas advierten que la medida no solo afecta a personas sin estatus migratorio, sino también a residentes legales y ciudadanos, dado que errores en direcciones o identidades han dado lugar a detenciones erróneas en el pasado. La aplicación de esta política podría agravar esos riesgos, poniendo en peligro a individuos y familias que creen estar protegidos por la ley constitucional.
Debates sobre constitucionalidad y supervisión
El principal foco de tensión jurídica se concentra en cómo se entiende la Cuarta Enmienda, una disposición constitucional que la Corte Suprema de Estados Unidos ha considerado durante décadas como un muro fundamental frente a registros y detenciones sin fundamento, exigiendo que cualquier irrupción en un hogar sea avalada por un magistrado independiente a partir de pruebas concretas. La emisión de una orden interna por parte de autoridades administrativas sin supervisión judicial altera ese esquema tradicional de control y distribución de poderes.
Algunos juristas sostienen que incluso si la persona ya ha tenido un juicio migratorio o proceso administrativo previo, eso no reemplaza la necesidad de una orden judicial específica para entrar a un domicilio. Esta distinción es vital porque la primera protege contra la exclusión de una persona del país, mientras que la segunda es una salvaguarda contra la intrusión en la esfera privada de la vida doméstica.
Además de las críticas constitucionales, existen dudas sobre la capacitación de los agentes en torno a estas nuevas directrices y si se están implementando de manera uniforme. Grupos de derechos humanos señalan que la instrucción verbal y la falta de documentación amplia del memorando en los materiales de entrenamiento tradicionales podrían llevar a abusos o malentendidos operativos que, en última instancia, perjudiquen tanto a inmigrantes como a la propia credibilidad de la agencia.
Respuestas políticas y posibles litigios
La filtración de este memorando ha impulsado nuevas exigencias en el Congreso para reforzar la supervisión. Legisladores de ambas bancadas han manifestado su interés en analizar si la medida contraviene leyes federales o rebasa la autoridad ejecutiva en materia de aplicación de normas migratorias. Algunos incluso han sugerido convocar audiencias específicas para revisar su alcance, su fundamento jurídico y las repercusiones sociales de permitir ingresos sin órdenes judiciales.
Por otro lado, abogados que representan a inmigrantes ya alistan demandas para impugnar la directriz ante tribunales federales, y estos procesos podrían evaluar cómo se interpreta la Cuarta Enmienda en el actual escenario migratorio, además de sentar bases sobre la manera de equilibrar la seguridad en la frontera con las protecciones constitucionales dentro del territorio de Estados Unidos.
¿Qué acciones están al alcance de las personas afectadas?
Mientras se desarrollan estos debates legales y políticos, muchos defensores comunitarios continúan educando a las familias sobre sus derechos básicos. Aun con cambios en las políticas internas, los especialistas recomiendan que las personas sigan ejerciendo sus derechos constitucionales básicos y soliciten ver órdenes judiciales firmadas por un magistrado cuando agentes federales busquen entrar a su hogar.
Organizaciones dedicadas a la asistencia legal y colectivos de apoyo han redoblado sus iniciativas para ofrecer orientación, recursos y, en ciertos casos, apoyo directo a quienes se ven sometidos a detenciones bajo estas recientes directrices. La formación constante sobre lo que puede ocurrir durante un operativo y la manera de registrar eventuales vulneraciones de derechos constituye un elemento esencial de su labor en este periodo lleno de incertidumbre.
La política que faculta a los agentes de ICE a ingresar en viviendas sin una orden judicial formal marca un quiebre notable con las prácticas habituales y abre serias dudas jurídicas y éticas sobre la salvaguarda de derechos esenciales. Su aplicación sigue generando controversias, movilizaciones políticas y eventuales desafíos judiciales, mientras comunidades y organizaciones defensoras observan atentamente cómo repercute en la vida diaria de millones de residentes y migrantes en Estados Unidos.
